Allí, en teoría, funciona un geriátrico. Pero no hay un cartel que lo anuncie. Lo que en realidad se esconde detrás de esas paredes es una vivienda pintada de blanco y naranja, y en su interior maltratos, golpes, denigración, que se hacen carne en los "alojados" allí, según indica Crónica de Bahía Blanca.
No se trata de ninguna atracción de un parte de diversiones. Más bien es un “geriátrico” que funciona en esa localidad. Una vecina del lugar, Laura Aguirre, se hartó y actuó. Comenzó a escuchar lamentos. Se trepó por la medianera y lo que vio la espantó: una mujer de unos 30 años, semidesnuda, amordazada y atada a un palo del patio. Tomó su celular, sacó fotos y se comunicó con la policía.
“Yo estaba planchando en casa con mi sobrina y empecé a sentir un lamento. Me trepé a un paredón por una reja y me asomé al patio lindero al patio de mi casa. Ahí vi esta imagen: una chica empalada, atada de pies y manos, en ropa interior, siendo las seis y pico de la tarde, cuando hacía mucho frío. Totalmente inhumano”, contó Aguirre en declaraciones a Crónica Bahía Blanca.
“Ahí hay abuelitos, incluso hace un rato vino una chica desesperada a verme, diciendo que ahí está su suegro, y se fue corriendo a sacarlo”, continuó la heroína, quizás la mujer que le dio a esa gente la oportunidad de recuperar su vida.
Pero, ¿Quién es la bestia que tiene de esa manera a las personas que allí habitan? “La dueña es vecina del barrio, creo que se llama Beatriz. Hemos escuchado llantos antes, la pieza de mi nena da justo a ese paredón y me dice que se escuchan gritos. No te puedo describir la sensación que tuve cuando me encontré con eso”, indicó la mujer.
Lo cierto es que, lamentablemente, no era la primera vez que se enteraba de los maltratos. “Ya me había pasado una situación similar; había visto a una abuela, ahí. La tenían parada, le hacían poner las manos delante del cuerpo y le pegaban cachetadas. Sería una señora de 70 años. Esa vez, en la desesperación, no supe qué hacer, a quién llamar. Por eso ahora lo decidí rápido”, concluyó.
Laura prosiguió con su relato. “Cuando me asomé, la chica estaba parada y en un momento se cayó, yo pensé que se había desvanecido o muerto. No me podía meter al patio y empecé a hablarle, pero ella no me podía responder porque tenía una mordaza en la boca. Ahí es cuando salió al patio esta señora y la desató, respondiéndome que lo hacía para que no se lastime.Nadie podía imaginarse que esto estaba sucediendo”, concluyó.
Ahora, con la denuncia hecha, la municipalidad clausuró el lugar. La muchacha sometida a maltratos será destinada a una institución de cuidado.
¿Más? Los dueños o quienes trabajan en la “casa del horror” precisaron que no se trata de un geriátrico, sino de un “centro de rehabilitación kinesiológica”. El caso, por suerte y por obra de esta valiente, en la justicia.
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