El único imputado por el asesinato de Tomás Dameno Santillán, fue salvado por un guardia cuando otros reclusos le estaban dando una paliza. En la cárcel nadie le habla y lo llaman "asesino de pibes". Es custodiado hasta cuando se baña.
El jueves pasado, como cada mañana de la última semana, Cuello estaba en el patio del penal 49 de Junín.
En ese lugar lo vieron unos presos que estaban yendo al colegio de la cárcel, tras lo cual detuvieron su marcha y lo atacaron. Lo agarraron entre tres y comenzaron a pegarle, y mientras le daban cachetadas y piñas le gritaban lo mismo de siempre: “asesino de pibes”.
El trío de presos le arrancó mechones de pelo al padrastro de Tomás, dentro de una golpiza que duró unos minutos hasta que un guardia intervino para salvarlo.
Cuello está en una celda a la que en la jerga carcelaria le dicen “buzón”, y sólo lo visita su padre dos veces por semana. La semana pasada le llevó un bolsón con ropa y tarjetas de teléfono, para que pudiera hablar con su madre. Aunque en ese sector no hay teléfonos.
Por orden de los jefes de la Bonaerese, a Cuello lo cuidan cuatro policías del Servicio Penitenciario.
Con respecto a la causa, es muy posible que su defensa -a cargo del abogado Hugo Icazati- cambie su estrategia.
En un principio la idea era hacer un careo entre Cuello y María Inés Márquez, su última pareja, pero ahora prefieren obtener antes los resultados de las pericias genéticas. “El miedo es que en el careo Márquez se quiebre y perjudique aún más a Cuello”, explicó el asesor letrado del único detenido por la causa.
Mientras tanto, y acaso para escapar de algunos fantasmas, Susana Leonor Santillán, la madre de Tomás, dejó su casa y se mudó a un departamento que le alquila el gobierno bonaerense. Allí está acompañada por su madre y sus hermanos, y el viernes después de declarar una hora y media ante el fiscal Javier Ochoaizpuro volvió a Lincoln.
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