Un gato negro se convirtió, inesperadamente, en el mejor cuidador para un bebé al que le costaba conciliar el sueño. Si bien se supone que un nene necesita una madre o, en su defecto, alguna figura paternal que lo consuele, parece que el animalito logró reconfortarlo.
Cuando un bebé llora lo único que suele calmarlo es su madre o alguien que lo alce o lo mime. Si no está la madre, generalmente puede ser una niñera, una hermana mayor, una tía, una prima, pero…¿Un gato?.
No, nunca jamás pasó. Hasta ahora. Un gato negro se convirtió en el “niñero” de un bebé y lo calmó, apoyándole su patita en la frente.
Así, increíblemente, el pequeño se serenó. El gato, con todo el instinto maternal del que es capaz, se muestra preocupado y busca serenar al pequeño que está llorando.
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