Una vez que se confirmó el error en el diagnóstico y, tal como reveló La Política Online, se supo que Cristina Kirchner no tenía cáncer, el equipo médico presidencial quedó expuesto y sumergido en un mar de dudas: se cuestiona la rigurosidad con la que se cuidó la salud de la máxima autoridad del país.
Encabezada por Luis Buonomo y Marcelo Ballesteros, la Unidad Médica de la Presidencia atribuyó el equicado diagnóstico -por el cual se informó que Cristina padecía de una carcinoma papilar tiroideo- a un supuesto "falso positivo", situación que ocurre tan sólo en dos de cada cien pacientes.
Pero con el correr de los días comenzó a trascender información que instaló algunas dudas respecto a las decisiones que se tomaron. En esta nota se exponen algunas de las principales incógnitas y contradicciones que alimentaron la polémica.
En las últimas horas, por ejemplo, LPO pudo confirmar que tras la primera punción realizada el 22 de diciembre en el Centro Diagnóstico Maipú -con su polémico resultado positivo-, los médicos del Gobierno buscaron a un reconocido patólogo de la Facultad de Medicina de la UBA para pedirle el nombre del máximo referente en la materia, una eminencia de los Estados Unidos. La idea, en principio, era cotejar esos resultados. Nunca sucedería, como se explicará más adelante.
Al mismo tiempo, se decidió completar el estudio -como marcan todos los protocolos- con una tomografía, que se realizó la mañana del 27 de diciembre. Con los resultados de ese último análisis, esa misma tarde se anunció públicamente a través de Alfredo Scoccimaro que la Presidenta tenía un carcinoma papilar tiroideo. También se aseguró que estaba descartada la presencia de metástasis y se habló de un sólo nódulo, ubicado en el lóbulo derecho.
Se informó, además, que ya estaba programada la cirugía: se realizaría el 4 de enero en el Hospital Austral y estaría en manos de Pedro Saco, jefe de la sección Cabeza y Cuello de ese centro médico. Pero según reveló el periodista Nelson Castro, a último momento, y por recomendación del propio Saco, se optó por buscar una segunda opinión en el país.
Fue así que una médica especializada en citología analizó la muestra que había sido tomada en el Centro Diagnóstico Maipú. Sus conclusiones pusieron en duda el diagnóstico inicial. Ella habría comentado: "No hubiera sido tan contundente. No queda tan claro que sea un carcinoma papilar. Hubiera utilizado la palabra neoplasia". Es que con ese pequeño cambio en la redacción, se permitía que la última palabra se establezca una vez concluida la operación.
La intervención quirúrgica
Un equipo de tres patólogos estuvo en el quirófano para realizar las biopsias por congelación, que determinarían cómo continuar con el procedimiento. Aún no se sabe con exactitud cuál fue el resultado de esos análisis. Pero luego de tres horas y media de cirugía, se le extirpó la totalidad de la glándula tiroides y según pudo averiguar LPO también se habría quitado la cadena ganglionar derecha.
Sobre este punto hubo posturas encontradas entre los especialistas. Para muchos médicos, sobre todo en los Estados Unidos, no se debe extirpar la totalidad de la glándula sin contar con un diagnóstico certero y definitivo. Es que el estudio más eficaz es la biopsia extendida, que se lleva a cabo con el tejido extraído durante la operación.
Aseguran que por tratarse de una enfermedad que no requiere determinaciones urgentes, puede extraerse el lóbulo que contiene el nódulo sospechoso, y días más tarde -si se confirma definitivamente que se trata de un tumor maligno- se reopera y se extrae el resto de la glándula. Lo cierto es que otros tantos profesionales recomiendan la extracción total en todos los casos. Un debate que, en rigor, es muy anterior a esta polémica.
Como sea, el sábado sería el propio Buonomo el que justificaría la tiroidectomía total, explicando que durante la operación se encontró otro nódulo, en este caso en el lóbulo izquierdo. Resulta llamativo que no haya sido observado en la ecografía y la tomografía.
Pero lo que efectivamente no se explica -ni aún se ha confirmado por fuentes oficiales- es por qué se habría extraído también la cadena ganglionar derecha, sin tener la confirmación de que se trataba de un tumor maligno. Ningún especialista consultado por LPO supo explicar cuáles podrían haber sido los motivos de esta decisión.
Tanta confusión hizo que finalmente se envíen todas las muestras recogidas -la punción inicial, las biopsias por congelación y la glándula extirpada- al especialista de la UBA que había sido consultado previamente. Tras realizar nuevamente todas las pruebas, llegó a la conclusión de que en ninguno de los tejidos había cáncer.
Asombrado por el resultado específico de la punción -que inicialmente había dado positivo-, este médico de la UBA llamó a la eminencia de los Estados Unidos, suponiendo que en sus pruebas había encontrado células cancerígenas, que sería él quien estaría cometiendo un error, y que eso explicaría que se le haya quitado toda la tiroides a Cristina. Pero la respuesta del norteamericano le llamó la atención: nadie del Gobierno argentino lo había consultado.
El antecedente Kirchner
No es la primera vez que se cuestiona el accionar de Buonomo y Ballesteros. Cuando Néstor Kirchner murió en el Calafate, se supo que en su casa no había guardia médica, una falencia importante si se tiene en cuenta no sólo la envergadura del ex presidente, sino que al lado dormía la Presidenta de la Nación.
También se lo señaló por no haber estado presente en ninguna de las dos operaciones que le hicieron a Kirchner, en febrero y septiembre de 2010. Buonomo estaba en Ríos Gallegos.
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