En su primera película, Mazzini invita al espectador a sumergirse en un recorrido por los borrosos recuerdos que un hombre tiene de su propia muerte, y lo hace desde una perspectiva novedosa al combinar con soltura la atmósfera fantástica del sueño, los meandros inciertos de la memoria y una interesante impronta documental.
Hipnótico y enigmático, el filme tiene la forma de un laberinto en el que los personajes están encerrados y deambulan sin poder encontrar la salida y, al mismo tiempo, funciona como una especie de premonición sobre el destino oscuro que le espera al protagonista.
"La película revela cómo se manejan a veces las cosas para que queden tapadas y difusas. Mi idea era hablar del ocultamiento de la verdad y mostrar que muchas veces las cosas quedan diluidas sin que se pueda entender por qué están sucediendo realmente", explicó Mazzini en una entrevista con Télam.
"También habla de una persona que se está muriendo pero no entiende muy bien qué le está pasando. Traté de acercarme a eso, a una sensación de incertidumbre muy fuerte, algo que también se vivía en el país durante el rodaje y de lo cual todos estábamos muy impregnados", agregó Mazzini, que estrenará una versión mejorada de la que ya había estrenado hace siete años.
El argumento está construido a partir de los recuerdos de Esteche, un hombre que flota en el agua mientras está a punto de morir, y que con el resto de conciencia que le queda trata de reconstruir los posibles motivos que lo llevaron a ser acusado de traidor y a ser testigo de su propia muerte.
Filmada en el Tigre y en los monoblocs Lugano 1 y 2 de Villa Lugano -un lugar ominoso y laberíntico que acentúa el estado onírico de la obra-, “Que lo pague la noche” está protagonizada por Roberto Lavezzari (Esteche), Egar Rizze, Felipe C. Pino, Anabella Barujel, Alejandro Lafleur, Tomás Colombo, Bocha Gómez, Manu Jáuregui, Alberto Agüero y Mariana Eliano.
Hipnótico, climático y misterioso, el filme "funciona -según el director- como una premonición. Desde el diseño de arte, la fotografía y el sonido intentamos manejarnos siempre en un código de oscuridad y extrañamiento, en una situación cotidiana donde los personajes parecen perdidos en un laberinto".
En "Que lo pague la noche", Mazzini invita al espectador a "dejarse llevar y perderse en un viaje a través de la mente de una persona que está a punto de morir, con los agujeros negros que tiene cuando intenta reconstruir algo en su mente y no lo puede terminar de armar".
"Traté de potenciar esos climas y otras situaciones que son como sueños, porque el protagonista se ve involucrado en lugares que no sabe bien cómo llegó ni sabe lo que está pasando. No hay explicación lógica de lo que le sucede ni un lugar seguro donde pueda ir", señaló Mazzini, que trabajó con actores y con vecinos de Lugano 1 y 2.
Una de las cosas que más llaman la atención en la obra de este cineasta es la mezcla sutil que realiza entre ficción, sueño y realidad, ya que al mismo tiempo es un viaje misterioso y un retrato casi documental de los vecinos del lugar y sus vidas llenas de sinsabores.
Admirador de autores como John Cassavetes, Rainer Werner Fassbinder y David Lynch, Mazzini egresó del Instituto de Arte Cinematográfico (IDAC) y antes de filmar "Que lo pague la noche" realizó "La clase prestadora de servicios" (1987), "Juanita y Manuela contra la muerte que viene viajando" (1988), "Muerte "(1989) y "Clausura 95" (1995), premiado en el New York Film Festival.