A dos semanas de las presidenciales del 28 de noviembre, la situación en Haití, el más pobre de los países americanos –asolado por un terremoto en enero pasado y un huracán hace tres semanas–, se agrava por la extensión del cólera.
Mientras el gobierno y las Naciones Unidas afirman que intensifican la lucha contra la enfermedad, el lunes surgió un nuevo factor de tensión con violentas protestas en la ciudad puerto de Cabo Haitiano, en las que el blanco fueron los soldados nepaleses de las fuerzas multinacionales de paz, a los que acusan de haber “traído el cólera”, provocando una epidemia que ya se cobró más de mil vidas.
Las protestas contra las tropas de la ONU se extendieron ayer a otras poblaciones. Según la agencia AP se registraron al menos dos muertos, pero los informes oficiales hablan sólo de uno. Un vocero de las tropas extranjeras dijo que por lo menos seis de sus efectivos resultaron heridos en una protesta registrada en Hinche, en la meseta central, y seis civiles están en grave estado en Cabo Haitiano, en el norte. El brote de cólera avivó un resentimiento latente contra los 12 mil efectivos de la ONU, que desde 2004 son la fuerza dominante en el país.
En barriadas pobres como Cité Soleil, al norte de Puerto Príncipe, la capital, un basural improvisado acumula cantidades inimaginables de residuos y, en plena época de lluvias, las aguas han ido arrastrando parte de esos desechos desde las zonas más altas hasta las calles y plazas del área céntrica de la ciudad. Jean William Pape, el único epidemiólogo haitiano, dijo que de no haber una solución definitiva para las barriadas postergadas, “no tenemos posibilidades de reducir el cólera”.
Pape explicó que no se trata sólo de los campamentos que levantaron las miles de personas que se quedaron sin casa tras el terremoto, sino también de los barrios más pobres de la ciudad, donde nunca existieron servicios sanitarios ni agua potable. “La reconstrucción de Haití sólo se podrá realizar si se traslada a no menos de 3 millones de personas de los barrios de infraviviendas a lugares habitables”, agregó. Pero Haití está cada día más lejos de esa posibilidad. La ayuda prometida, cuando muchos parecieron sensibilizarse por el terremoto, llegó en una milésima parte y la actitud de los candidatos para las elecciones del domingo se reduce a la compra de votos pagando con sachets de agua potable.
El reciente paso del huracán Tomás sumó en el suroeste del país a decenas de miles de personas que perdieron sus viviendas precarias, agregando un nuevo factor a las dificultades en la lucha contra el cólera. A diario se suman unos 50 muertos y 600 infectados. La propagación del mal coincide con la creciente tensión en que ha caído la campaña electoral. Charls Baker, el mayor industrial del país y candidato presidencial, cargó toda la responsabilidad sobre el presidente René Préval, a quien acusó de no hacer nada para impedir que se propague la enfermedad. Sin prueba alguna, dijo que Préval está creando las condiciones para lograr el aplazamiento de los comicios.
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