Las intensas lluvias no dejan de azotar el sudeste del país vecino y las víctimas fatales crecen día a día, sobre todo en la región serrana. Todo se ha transformado en un lodazal: es una catástrofe de enormes dimensiones.
"El sufrimiento es muy grande", dijo la mandataria Dilma Rousseff al llegar a Nova Friburgo, en su primer viaje luego de haber tomado posesión del cargo el 1 de enero.
Rousseff, quien hoy estuvo en la zona con el ministro de Defensa, Nelson Jobim, dispuso la liberación de unos 350 millones de dólares para dar asistencia a los sobrevivientes, el envío de unos 200 miembros de la Fuerza Nacional de Seguridad y de toneladas de medicamentos que serán distribuidos en hospitales de campaña como el que será instalado en Teresópolis, donde murieron al menos 223 personas.
"Ya sabemos que hay muchos niños muertos, ellos son los más vulnerables en estos casos", declaró hoy el alcalde de Teresópolis, Jorge Mario Sedlacek.
Para colmo, las lluvias continuarán hasta el martes en la región, informó hoy el departamento de meteorología del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales, citado por la agencia de noticias Ansa.
"La previsión pluviométrica para los próximos días no es tranquilizadora. Hago un llamamiento a la gente para que acepte la molestia de abandonar su casa por unos días, porque hay áreas que todavía están en riesgo de derrumbes e inundaciones", pidió Cabral.
El último número publicado por la red O Globo señala las nuevas cifras de la catástrofe: más de 500 muertos divididos en 223 en Teresópolis; 169 en Friburgo, 39 en Petrópolis y 19 en Sumidouro.
Desde que comenzaron las lluvias el número de víctimas fatales de los temporales iniciados el lunes ya supera ampliamente la cifra de 500 muertos registrada al inicio de 2010. Ya llevan dos meses de lluvias que azotaron la región sureste del país sudamericano.
En la ciudad de Teresópolis han quedado más de 6500 personas sin techo, y más de 1500 viviendas destruidas.
El portal del periódico brasileño O Globo indica que las muertes por las lluvias son más de 500, según los últimos datos.
La peor tragedia ocurrió en la ciudad de Teresópolis, a 100 kilómetros de Río, donde gran cantidad de muertes fueron producto de aludes de tierra y derrumbes de casas.
El alcalde de Teresópolis, Jorge Mario Sedlacek, dictó estado de calamidad pública en la ciudad y advirtió que el número de muertos podrá aumentar, ya que los equipos de rescate todavía no lograron acceder a varias regiones donde se produjeron graves desastres y que están aisladas.
"Es la peor catástrofe de la historia de Teresópolis", reconoció el secretario de Medio Ambiente del estado de Río de Janeiro, Carlos Minc, citado por la agencia de noticias DPA.
La flamante presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, envió además a Río de Janeiro a su ministro de Integración Nacional, Fernando Bezerra, a sobrevolar las áreas afectadas y elaborar un programa de emergencia para la reconstrucción de las ciudades y para ayuda a los más de 1.000 desplazados por la lluvia.
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